viernes, 22 de enero de 2016

#22 | Huye a Dios

Luego el Espíritu de Dios llevó a Jesús al desierto, para que el diablo tratara de hacerlo caer en sus trampas.
Después de ayunar en el desierto cuarenta días con sus noches, Jesús tuvo hambre. Entonces llegó el diablo para ponerle una trampa, y le dijo:
—Si en verdad eres el Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.
Jesús le contestó:
—La Biblia dice:
“No sólo de pan vive la gente; también necesita obedecer todo lo que Dios manda.”
Después el diablo llevó a Jesús a la ciudad de Jerusalén. Allí lo subió a la parte más alta del templo, y le dijo:
—Si en verdad eres el Hijo de Dios, tírate abajo, pues la Biblia dice:
“Dios mandará a sus ángeles para que te cuiden. Ellos te sostendrán, para que no te lastimes los pies contra ninguna piedra.”
Jesús le contestó:
—La Biblia también dice: “Nunca trates de hacer caer a tu Dios en una trampa”.
Por último, el diablo llevó a Jesús a una montaña muy alta. Desde allí podían verse los países más ricos y poderosos del mundo. El diablo le dijo:
—Todos estos países serán tuyos, si te arrodillas delante de mí y me adoras.
Jesús le respondió:
—Vete de aquí, Satanás, porque la Biblia dice:
“Adoren a Dios y obedézcanlo sólo a él”.
Mateo 4:1-10
Dios siempre nos pone pruebas que Él sabe que somos capaces de superar; pero a veces no nosotros no sabemos y Dios quiere que lo descubramos. Cuando Dios nos considere listos para una prueba, Él nos llevará y hará que el diablo se cruce en nuestro camino para tentarnos a fallar. 
Si hay al menos un pequeño lugar vacío en nuestro corazón, el diablo nos mostrará muchas cosas agradables para llenarlo. Pero no debemos hacerle caso, debemos escuchar al Espíritu Santo y llenarnos de Él. 
Incluso en la casa de Dios, cuando estemos en un lugar elevado, las tentaciones pueden aparecer amenazando con arrojarnos de allí, motivándonos a hacer cosas en contra de Dios. Pero no debemos hacerle caso, debemos escuchar al Espíritu Santo y dejarnos guiar por Él.
Y si nos encontramos en un lugar donde podemos ver todos los deseos de la carne, listos para complacernos, seremos aún más tentados. Pero no debemos dejarnos caer en los deseos de la carne, debemos correr a la presencia de Dios. Porque  siempre que Dios nos ponga una prueba, será para acercarnos más a Él y si la pasamos, seremos premiados en grande.

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