Día 0 | Un año, tres meses y veintiséis días

Hola, lector que ha llegado de casualidad a este abandonado blog.

Después de más de un año, regreso a intentar publicar con miedos y llena de dudas. ¿Estará bien recomenzar después de tanto tiempo? ¿Estará bien querer acercarme a Dios nuevamente? ¿Qué cosas están bien exactamente? Hace ya un año que me aleje de Dios y de la gente. Me encerré en mi misma y me hundí en el mundo, no en el mundo real como muchos habrían hecho seguramente, sino en un mundo virtual. Un mundo donde la libertad sobreabunda, se exagera y te puede llevar fácilmente hacia la dirección equivocada, donde uno puede ser y hacer lo que desee oculto tras un nuevo nombre, personalidad y rostro. Hacía años desde formaba parte del mundo virtual pero siempre flotando sobre la superficie, firme en lo que buscaba y en lo que tenía, pero mientras intentaba esforzarme por encajar y ser lo que los demás esperaban,mis relaciones comenzaban a desmoronarse a mi alrededor y me dirigí en una dirección que me alejaba de Dios.

Terminé haciendo, diciendo y siendo lo que jamás hubiera imaginado. Terminé vaciándome y buscaba desesperada llenar ese vacío. Necesitaba amor y lo buscaba. Necesitaba amistad y la buscaba. Necesitaba un confidente y lo buscaba. Necesitaba halagos, consejos y buenos deseos, palabras de ánimo y salvación. Pero ciega, con miedo y en la soledad, me escondí de Dios y busqué lo que necesitaba en personas. Personas virtuales que también huían de la realidad y que sólo buscaban una distracción, un momento de diversión y libertad. Cometí pecados que no me atraían desde mucho antes de conocer a Dios, y dentro de estos, caí en sub-categorías que jamás hubiera imaginado que existían.  Llené mi corazón de dolor, tristeza y tinieblas. Mi alma comenzó a anhelar y extrañar a Dios, y cada día le llamaba, cada día pensaba en Él, cada día una alabanza o adoración resonaba en mi cabeza. He intentado volver a Él muchas veces, pero nuevamente decaía. Mi cuerpo comenzó a enfermar. Cosas que no me sucedían, comenzaron a suceder. Cosas que pensaba que habían sido arrancadas, comenzaron a germinar. Cosas que no creí tener, comenzaban a aparecer. Depresión, estrés, ira, poca paciencia, odio hacía mi misma, entre otras variadas cosas que ahora mismo no se me vienen a la mente.

Entendía cada día cuál era la causa y algo comenzó a aterrarme en mi interior. Temía por el amor de Dios, porque sabía que me aceptaría de vuelta con sólo correr a Él. Temía regresar a Él y volver a tropezar. Temía por la reacción de la gente, por sus miradas y palabras. Temía por mi futuro y mi destino. Temía por mi familia y mi vida. El miedo me lleno tanto que ya no podía moverme, ya no podía pensar en nada. Abandoné mis sueños, metas y pasatiempos, las cosas que más amaba. Me dediqué a respirar y existir, mientras moría lentamente por dentro. Quería regresar a los tiempos donde el pecado era algo al borde de mi vida y no estaba tan profundo dentro de mí como ahora, pero sabía que eso era imposible. ¿Cómo borrar lo que tienes marcado en el alma y en la carne? ¿Desde cuándo se debería olvidar lo aprendido? Sinceramente comencé a dudar de mi misma, no sabía en qué momento exacto había comenzado a alejarme de Dios o si realmente lo había mantenido al margen de mi vida todo esos años. Si tal vez le había dejado vivir dentro de mi, pero no le dejaba limpiar todas la habitaciones. Me di cuenta que tal vez había estado aislada en un bucle desconocido.

Y así llegamos a este día. Esta entrada es mi desahogo, las palabras que no me he animado a decir. Después de más de un año, tres meses y veintiséis días sin publicar nada en el blog, hoy vengo con esperanza de que no todo está perdido. Tengo un montón de miedos y temores que me presionan, que me atan y paralizan, pero quiero confiar en Dios y dejar que Él haga su trabajo. Quiero cambiar, no volver a ser lo que era, sino ser algo mejor, lo que Dios tenía preparado para mi. Quiero llegar a la meta, al resultado final que Dios había visto de mi desde antes de nacer. Quiero llegar a ser luz otra vez y dedicar mi vida a Dios, aun con el pecado que me encadena y las mentiras que llenan mi cabeza, quiero romper con eso y correr a Él. A pesar de esos "Ya no se puede", "Ríndete", "¿Quién te aceptará así?", "¿Quién aceptaría a alguien como tú?" y montón de palabras y frases de desmotivación que intentan, se esfuerzan, y a veces pueden, detenerme de ir a Dios. A pesar de todo, quiero formar una relación con Él aún más fuerte, potente y irrompible de lo que fue alguna vez. Incluso a pesar de que me confundo, y no sé por dónde comenzar... Hoy mientras leía blogs sentí algo dentro de mi diciendo "¿Por qué usas tu tiempo en leer cosas que no te llenan realmente en lugar de leer la Biblia y estudiar las escrituras?". No lo sentí como reproche, si es que lo leyeron como tal, lo sentí como cuando le hablas a alguien que te tiene extremadamente preocupado, con preocupación y amor. Tampoco esperaba escribir tanto, pero aquí tienen todo este largo texto, que tal vez nadie jamás lea, pero que sé que Dios está leyendo (exactamente ahora mientras lo escribo).

En fin, este último año y medio ha sido desalentador y ha ido de mal en peor, de peor en terrible. Hice muchas cosas mal, hice cosas de las que me arrepiento. Pero cuando me pongo a pensar en la gente que conocí, en los lazos que cree y en los que rompí dentro del mundo virtual, me doy cuenta cómo Dios movía las cosas. Conocí gente que ahora son muy importantes, que me permitieron formar parte de sus vidas. Personas, amigos, que he podido darle un palabra de ánimo y que me ha dado muchísimas palabras de ánimo. Amigos que me cuidan desde la lejanía, me desean lo mejor, se preocupan y me regañan. Y poco a poco fui comenzando a filtrar personas, y cuando no podía filtrarlas por mi misma, sé que Dios metió mano y me ayudó. Dios quitó gente de mi alrededor, puso gente a mi lado y me cuido desde el margen dónde yo lo había colocado. Por eso agradezco a Dios por no abandonarme aún cuando yo me alejé. Porque aunque piensas que estás completamente solo, es sólo otra mentira más, porque Dios siempre está a nuestro lado aunque no lo busquemos ni prestemos atención.

No sé si a otra gente le habrá pasado tal cual a mi, pero el pecado tiene tantas formas y muchas más formas dentro de éstas mismas. Así que sólo diré que no te rindas, yo no me rindo, incluso cuando me cuesta mantenerme en pie y tropiezo tontamente, no me rindo. Por lo que, hoy no es mal día para ignorar todas esas vocecitas extrañas que te detienen y alejan de la extraordinaria persona que puedes llegar a ser. Hoy es un buen día para prestar atención a esa vocecita que suele ser tapada por las demás, esa que te dice "¿Y si salimos?", "¿Y si vamos a la Iglesia?", "Tenemos bastante tiempo al vicio, leamos un poquito de la Biblia", "Estaría bueno charlar con Dios un rato, ¿no?", "Dios te está cuidando" y, tal vez, segurísimamente, muchas cosas más. Pues, yo hoy le oí, le presté atención, le miré con duda y pensé "bueno, veamos qué tal" y aquí me tienen.

Tampoco sé si algunos pensarán si fue o no la mejor decisión el regresar, pero creo que para Dios fue una excelente decisión de mi parte y espero mañana poder interrumpir mi día para salir corriendo a Dios. Porque esto es una pelea y vencer no es fácil como parece o podamos fantasear. Así que muchos ánimos, tú puedes. Dios nos está cuidando y esperando cada día, paciente y lleno de amor. Dios te bendiga en grande, curioso lector que sólo Dios sabe cómo has llegado aquí.

Hasta mañana.

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